El último escándalo en el gobierno muestra que la corrupción, a diferencia de la Nueva Constitución Política del Estado, no discrimina entre blancos e indígenas, y tampoco entre Santos o demonios. Me refiero claro a Santos Ramírez, hombre fuerte en el MAS, ex-concejal, ex-diputado, ex-presidente del Senado y hasta hace poco presidente de YPFB.
A estas alturas ya no puede existir duda alguna de cuan profunda fue la caída de Ramirez, tan profunda que pasó de ser Santos a ser un demonio por quien ni su propio partido, ni su padrino de bodas (Evo Morales) se atreven a emitir una oración en su favor que le salve de llamas del infierno que el mismo cavó.
Pero al margen de los sórdidos detalles de su caída (que incluyen un asesinato, un matrimonio y millones de dólares), lo interesante es ver como el MAS manejó este asunto. A diferencia de otro caso reciente donde el implicado, también hombre fuerte del MAS, salió airoso gracias al apoyo incondicional de Morales, a Santos le toco llevar en sus hombros todo el peso de la responsabilidad de los actos de corrupción en el gobierno. Para ser claros, Ramírez no es un chivo expiatorio y bien merecida es su actual situación, pero el MAS pretende usarlo como “ejemplo” para “lavar” su imagen, dejando caer todo el peso de la ley sobre Santos para aparecer como el incasable luchador en contra de la corrupción. No obstante, lo cierto es que este gobierno ha tenido su buena dosis de corrupción (YPFB y Alvarado, “Rugrats”, tráfico de avales, contrabando en Pando, etc.), y sin duda la dosis se repetirá aún cuando ahora usen este caso para mostrar que “no protegerán a corruptos sin importar si son amigos, ahijados a parientes”. Los más cínicos incluso hablan de un pacto entre el MAS y Ramírez para convertirse en un “mártir” del “proceso de cambio” impulsado por Morales.
Sin duda, nuevos Santos o demonios, aparecerán antes del fin del mandato de Morales, y la verdadera prueba estará en ver como el gobierno manejará esas situaciones. Con este último, el MAS pretende lavar su imagen, al menos ante quienes no conocen o simplemente se rehúsan a ver los otros casos mencionados. Lo lamentable es que, de no haber perdido la vida una persona, este caso probablemente hubiese sido uno más en la lista de impunes actos de corrupción que este gobierno ha acumulado.

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