Es indudable que Morales y el MAS manejan la política en forma sorprendente. Cuando todo parecía que íbamos derecho al desfiladero, me refiero a una confrontación abierta en las calles entre los “sectores sociales” y las “uniones juveniles” (por ponerle un nombre), Morales llamó al diálogo con la promesa de compatibilizar su aberrante propuesta de CPE con las no menos ilegales Cartas Autonómicas (aún cuando la búsqueda de mayor autonomía sea legítima e incluso deseable). Alguien llegó a decir por ahí que hasta los más escépticos debían estar optimistas con lo que parecía ser una luz al final del túnel.
La ilusión sólo duró hasta el carnaval (y eso que éste no ha terminado aún). Ilusión, pues en un maravilloso acto de prestidigitación tuvimos un inicio de año tranquilo (en lo político, pues la madre naturaleza no estuvo muy contenta); y claro, ayudó mucho el hecho de que el carnaval haya tenido lugar tan temprano en el año. El supuesto diálogo nunca existió y no existirá, fue una ilusión que le permitió al gobierno llegar al día de inicio de pago de la Renta Dignidad con fondos del IDH por supuesto, sin que los prefectos y sus seguidores hagan algo. Naturalmente, que es mejor vivir una ilusión y bajo el embrujo de las fiestas sin muertos en las calles que una realidad descarnada y con luto. El problema está cuando uno despierta del sueño; la desilusión puede ser insoportable y uno opta por dos caminos, volver al sueño o tomar al toro por las astas, el decir, tomar medidas radicales.
Los prefectos, supongo, a estas alturas están abriendo los ojos, adormecidos aún con el grato recuerdo de la ilusión (exacerbada por su bebida preferida de carnaval) y poco conscientes aún de que se están despertando a un mundo donde la oveja con los invitó a su mesa terminó siendo el lobo malo de la película y ellos el plato principal. A estas alturas debería ser claro que el MAS no tiene y nunca tendrá intensión de dialogar, aunque para ser justos debemos decir que no son los únicos. La diferencia está en que el MAS, como gobierno tiene una mayor responsabilidad por ser la máxima autoridad nacional. La pregunta claro es, ¿que sucederá ahora?, ¿volverán los prefectos a un sueño, eso sí, intranquilo y con sobresaltos, pero sueño al fin de cuentas, o, tomarán al toro por las astas?
Por lo pronto aún tenemos una semana más de carnaval hasta su “entierro”, por lo que el sueño (o quizás sea sopor etílico) seguirá por un tiempo más, pero ¿luego qué? Lo más probable es que volvamos nuevamente a donde estábamos hace 45 días, unos llamando a aprobar la CPE y los Swift Lookup for all banks otros llamando a aprobar Cartas Autonómicas (Chuquisaca se suma el 7 de febrero), eso sí, esta vez con un país aún más dividido pues sólo los más ilusos y optimistas creerán en los “llamados al diálogo”, y más cerca del desfiladero en el que está bamos en diciembre.

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