Bueno, finalmente Bolivia tiene nueva Constitución Política del Estado, pero esto está muy lejos de significar que los problemas han terminado o al menos aminorado. Muy por el contrario, los problemas recién comienzan. Claro, ya no será por la capitalidad o por la sede de la asamblea o por los dos tercios para su aprobación, sino que serán por la interpretación de la CPE.
Y es que la recientemente aprobada CPE está tan llena de contradicciones y “puertas abiertas” que los siguientes 20 o 50 años nos la pasaremos peleando por las ya conocidas “leyes de interpretación de la CPE”. Lo que si está claro es que mientras Morales siga en la presidencia, más vale que nos dediquemos a buscar a nuestro antepasado indígena (que casi todos en Bolivia lo tienen), para ver si así podemos acceder a alguno de los tantos beneficios que esta constitución otorga a los pueblos originarios.
La otra alternativa naturalmente es que nos sumemos a la “resistencia civil” de la Media Luna cuyos integrantes para este sábado pretenden tener lista su “Carta Autonómica”, que en la práctica es una declaratoria de independencia, aunque muchos quieran llamarla de otra forma. Después de todo, si se desconoce la CPE y se redacta una nueva carta que rige en un determinado territorio, difícilmente puede hablarse de autonomía y no de independencia (aunque por ahora se mantenga el gentilicio). En Santa Cruz han llegado tan lejos como para proponer una nueva moneda: el “cruceño” en reemplazo del “boliviano”.
Naturalmente “el papel aguanta mucho”, pero en la práctica las cosas pueden ser muy diferentes (lo que vale tanto para la CPE como para la Carta Autonómica), pero lo que es indudable es que Bolivia está avanzando rápidamente hacia una desintegración. Como la historia lo ha demostrado, no son necesarias las guerras (y limpiezas étnicas) como en la ex-Yugoslavia para que un estado deje de existir, pero también es indudable que las separaciones no llegan sin su carga de sangre y dolor.
Lo que es peor, aún si la desintegración no llega, Bolivia ha quedado irremediablemente dividida y todas las disputas futuras estarán de una u otra manera enmarcadas en las divisiones que este gobierno se ha encargado de profundizar y legalizar a través de la CPE, y que por supuesto la Media Luna se va ha encargar de llevar a extremos.
Morales ya está en la historia como el primer presidente indígena de Bolivia, sólo nos queda esperar que no pase a la historia como el último.

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