Han pasado varias semanas y hasta meses desde la última vez que escribí algo en esta columna, y sin embargo no ha sucedido nada
en Bolivia. Para ser más preciso, diré que ha sucedido mucho, pero no ha cambiado nada.
Bolivia sigue donde estaba hace meses, con una Asamblea Constitucional parada e inútil, discutiendo el problema de la capitalidad y las autonomías pero sin un luz al final del túnel; el ATPDEA en boca de todos, sobre todo del gobierno, como una prioridad pero ahora con la contradicción del convenio con Irán; las plantaciones de coca siguen creciendo a vista y paciencia de nuestro Presidente, quién además preside a las federación de productores de coca del Chapare; la nacionalización sigue igual, aunque ahora con la aceptación de que la falta de inversión dejará a Bolivia con una crisis energética para el 2009 (¿quién lo creería si leyera los artículos de hace un par de años donde nos veíamos como “potencia gasífera en Sudamérica”?); Morales sigue besándole los pies a Chavez cada vez que éste le pasa un “petrocheque” para repartir entre sus bases e instituciones que conviene tenerlas cerca (militares y policías); un canciller que, aunque con menor frecuencia, no ha dejado de decir code swift lookup estupideces; importantes reservas internacionales paradas por no existir un plan coherente de inversión de dichos recursos;y claro, la candidatura al Premio Nobel de la Paz de Morales sigue firme a pesar de más de 30 muertos en su gestión y su abierto apoyo a regímenes sancionados por apoyar a grupos terroristas y donde los más básicos derechos humanos (sobre todo de las mujeres) son pisoteados sin remordimiento. Tampoco olvidemos a la oposición, que sigue atrincherada con un par de banderas de lucha, pero sin un protagonismo claro y frontal que le permita mostrar que es un alternativa real de gobierno y no sólo un caballo de batalla de algunos sectores.
Es decir, en Bolivia nada ha cambiado (para bien) en varios meses y lo peor es que no se ve que algo vaya a cambiar. La falta de habilidad para conducir el país por un mejor camino es ya crónica y no es exclusiva de este gobierno, sino de la gente que ha sido elegida para dicha tarea. Claro, cuando el contexto no cambia, la única alternativa es que uno mismo cambie, más precisamente que cambie su domicilio a alguna ciudad más allá de las fronteras.

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