Juventud y Política

Es curiosa la forma en la que “políticos” y “comentaristas” han abordado el reciente debate sobre la habilitación de jóvenes de 16 años para votar en las elecciones. Para estos señores, al parecer la juventud sólo está comprendida entre los 16 y 18 años, pero y ¿el resto?. El resto ya dejo de ser “joven” aparentemente.

Ante la pregunta: “¿qué consecuencias positivas y negativas cree usted que podría tener la participación en las elecciones a partir de los 16 años?”, veamos algunas de las respuestas.

Un comentarista, experto en tierras (curioso antecedente para hablar sobre la madurez intelectual de un adolecente de 16 años) dice: “El voto de la juventud es importante porque los jóvenes adquirirán mayor responsabilidad ciudadana. Es decir, ellos se involucrarán con las decisiones fundamentales que hacen a los intereses públicos y a las estrategias públicas”.

Estimado señor experto en tierras, el voto de la juventud ya existe (a los 18 años) y eso no ha hecho que “adquieran mayor responsabilidad ciudadana” y tampoco que se “involucren”. Además, ¿estamos hablando de la participación de jóvenes (de 16, 20 o más años) en temas políticos o de incorporar a adolecentes de 16 y 17 años en la base electoral?. Claramente si los de 18, 19 y más (que se sientan “jóvenes”) no ven espacios ni muestran interés en política, ¿Ud. de verdad cree que incluir a los adolecentes cambiará en algo el nivel de interés o responsabilidad?.

Por otro lado, un sociólogo responde: “Considero que traerá más consecuencias positivas que negativas por el hecho de que se verá con mayor fluidez la participación de los jóvenes en debates y diálogos en comunidades y zonas vecinales.” Por supuesto que habrá más jóvenes en los debates (y esto en sí ya es pura especulación), pero será simplemente porque el tamaño de ese segmento respecto a la base electoral será más grande y no porque exista un “mayor deseo de participar” del grupo de personas “jóvenes”. O, como pregunto al principio, ¿será que los de 18 y más dejamos ya de ser jóvenes?

El punto aquí es si esa participación será lo suficientemente madura como para generar un impacto en la vida política, o si sólo será más gente que por falta de madurez intelectual, precariedad en sus valores (no porque no los tengan, sino porque aún se están formando) y propensión a ser influenciables, puede ser fácilmente guiada bajo una consigna o bandera política en particular.

Naturalmente la edad y madurez no necesariamente tienen una correlación de uno, y agregar a los adolecentes de 16 y 17 años a la vida política no es per se algo malo, pero elevemos un poco el nivel del debate y discutamos sobre el nivel de madurez intelectual de este grupo demográfico en Bolvia para su inclusión y dejemos de lado afirmaciones que rayan en lo engañoso como “esto aumentará la participación de la juventud en la política”. Si esta propuesta de Morales ha de ser tomada en serio, extendamos el análisis a factores socio culturales, económicos y sobre todo psicológicos, y no caigamos en la práctica de decir, como uno de estos comentaristas, “[esta propuesta] forma parte de una política que apunta a ser parte de los proyectos internacionales para abrir una mayor participación ciudadana”. Cada sociedad es diferente, y el nivel de madurez de adolecentes de 16 y 17 años en Europa no debería ser condición suficiente para que en Bolivia, con una realidad muy distinta , sean automáticamente considerados capaces de tomar una decisión política. Quizás incluso sean más maduros que los europeos (no lo sé, aunque lo dudo mucho), pero copiar algo sólo por “seguir la corriente internacional”, al menos en este caso, no parece lo más apropiado sin un análisis un poco más serio.

Finalmente, si lo que se quiere es aumentar el interés (y no sólo el número) de los jóvenes en la política, el debate sería muy distinto a lo que escuchamos o leemos en las editoriales. Entenderlo de esta forma es imperativo. Y, por favor, señores comentaristas, el que algunos hayamos visto ya muchas primaveras desde nuestros 16, no significa que hayamos dejado de ser jóvenes, aunque quizás si dejamos ya de ser “jóvenes influenciables” y por tanto del interés de la “clase política”.


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