Los recientes conflictos en Bolivia ya suman dos muertos y más de 100 heridos y, lo que es más triste, no tengo duda de que no serán los últimos.
En la prensa, Internet y sobre todo en los blogs, todos han empezado a “reportar” estos acontecimientos, y aunque no quieran aceptarlo, lo hacen con la óptica que más les acomoda. Y es que “hablar (o escribir) con imparcialidad” cuando hay gente que está muriendo parece a veces un trillado eufemismo. Tampoco ayuda a esta “objetividad periodística” que precisamente aquellos que debieran ser los primeros es buscar “el bien común”, “lo mejor para Bolivia” sean los primeros en promover el enfrentamiento, o para decirlo en términos más “objetivos”, que no se dediquen a resolver el conflicto o llamar a la paz.
Los cochabambinos parecen decir (aunque no de la mejor forma): ¡Ya fue suficiente! ¡Ya basta! La búsqueda de la “imparcialidad”, de la “objetividad”, el querer ser un “mero observador y no un actor” puede llevarnos a que aquellos que no persiguen este objetivo terminen por ser los únicos que tengan algo que decir o “reportar”.
Que no existan malas interpretaciones; no quiero decir con esto que la violencia sólo puede combatirse con violencia, o que celebro lo que sucedió en Cochabamba; muy por el contrario, no puedo más que sentir dolor, y me atengo al dicho que reza “la violencia sólo engendra violencia”, y precisamente por esto repito: ¡Ya basta! ¡Ya fue suficiente!

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