La “Batalla” Final

El MAS ha probado ser un poderosa – y muy hábil – fuerza política. Con ayuda de dos senadores suplentes de PODEMOS y un disidente de UN aprobaron la Ley de Tierras (INRA) y ratificaron los contratos petroleros en tiempo record. Esta es naturalmente una victoria importante para el MAS y un paso más hacia su objetivo de “refundar Bolivia”. Sólo le queda un paso que dar para poder correr con toda libertad hacia su ideal de nación: la Asamblea Constituyente.

En el otro lado de la moneda, la oposición, herida (probablemente de muerte) ante el embate MASista, empieza a sangrar profusamente. Los senadores suplentes que permitieron la aprobación de la Ley de Tierras sólo fueron las primeras gotas de sangre, y es que en política existen “políticos profesionales”, aquellos que no reparan en cambiarse de color político en función a las perspectivas de la agrupación con la que flirtea, que no dudarán de pasarse al MAS al ver las auspiciosas perspectivas de un largo gobierno MASista. Supongo que a nadie sorprende esto, ya que incluso PODEMOS surgió de esta curiosa “movilidad política inter-partidaria” que se da con tanta naturalidad en Bolivia, pero sí sorprende el descaro con el cual algunos están dispuestos a vender su alma por “30 piezas de plata”.

En fin, esa batalla ya es historia y sólo falta la gran “batalla final” que será en Sucre, en la Asamblea, donde el fortalecido poder ejecutivo (pues ya está claro que los asambleístas responden sólo a Su Excelencia y no a su conciencia) deberá enfrentarse a una débil, patidifusa, dividida y herida oposición. Queda entonces por ver si Davíd podrá con tan formidable Goliat o si la “aplanadora” dará la estocada final a tan lamentable oponente.

Lo primero significaría claramente un golpe muy duro para el MAS que deberá empezar a pactar su proyecto de nación y podremos quizás seguir adelante como país, a tropezones claro está, pero avanzando  por el camino de una democracia representativa, que con los bonanza fiscal que vivimos nos permitirá quizás ver una mejor Bolivia. Lo segundo, que es lo más probable, resultaría en un MAS con vía expedita para imponer un sistema político unipartidista con tintes de (etno-)autoritarismo al mejor estilo del mentor cubano o el padrino venezolano. Lo que suceda luego claramente dependerá de cómo el tan mencionado “pueblo” digiera la noticia. Por un lado es posible que comités cívicos y gobiernos departamentales den forma a un nuevo actor político en Bolivia que busque un equilibrio. Esto dependerá de la medida en que puedan estructurarse y mover al “pueblo” para formar swift codes un frente coordinado; tarea nada sencilla si se considera que hasta ahora no han sido capaces siquiera de hablar con un sola voz o encontrar un interlocutor que los aglutine. De no lograrse esta estructuración, entonces podríamos estar a las puertas de una Bolivia donde los que no huyan deberán someterse a un largo régimen MASista u optar por la “resistencia civil”, quizás incluso una resistencia como aquella sobre la cual, paradójicamente, nuestro vicepresidente es un experto; conocimiento por el que tuvo que pagar con varios años de su vida tras las rejas.

Finalmente, puede que no suceda ninguna de estas cosas, y que Bolivia siga tal cual está ahora, parafraseando a Morales: “ni bien, ni mal, sino todo lo contrario”. Confieso que aún no entiendo las palabras de Su Excelencia, pero supongo que es la mejor forma de describir la actual situación en Bolivia que, de no cambiar algo, seguirá exportando sin posibilidad de retorno a su mejor recurso: su gente!


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