Es curioso cómo Morales logra siempre (o al menos la mayoría de la veces) salir “ileso” de los conflictos que se han dado en el último tiempo en Bolivia. No me refiero al gobierno del MAS sino a Morales específicamente. Aún cuando él prometió que no habría muerte en su gobierno, ya hay dos personas muertas en conflictos relacionados con la coca y 16 con la minería, no obstante, la imagen de Morales ha salido sin (tanto) daño de estas situaciones. Situaciones que en otros tiempos habrían hecho gritar al propio Morales “Muerte a … (presidente de turno)”, y que hicieron salir huyendo del Palacio Quemado a tres presidentes.
En el primer caso, se esgrimió el argumento de que se estaba luchando contra narcotraficantes, aún cuando los muertos son campesinos cocaleros y la fiscalía ni siquiera ha iniciado una investigación sobre algo que de ser narcotráfico, merece la máxima atención de un gobierno que promulga “cocaína cero” a los cuatro vientos. Si no hay investigación, esto sólo puede significar que no hay pruebas de que los muertos sean narcotraficantes.
Quizás sí lo eran (sin investigación nunca lo sabremos), pero al menos debemos presumir la “inocencia hasta que se demuestre lo contrario”, y en este caso las pruebas no son suficientes siquiera para iniciar una investigación más seria (i.e. inocencia del narcotráfico, y no de atacar a efectivos policiales y militares).
En el segundo caso, Morales se lavó las manos diciendo que los responsables son los mineros (cooperativistas y sindicalizados) que se habían convertido en “instrumento del neoliberalismo”, dijo que “no envió policías o militares antes pues de hacerlo los muertos serían muchos más”; prácticamente echó toda la responsabilidad a su ministro (Villarroel) al decir que éste “no le había colaborado como él (Morales) había esperado” y lo saco rápidamente de su cargo. Por supuesto que Villarroel es responsable de mucho, al igual que muchos otros antes que él, pero ese no es el punto; el punto es que Morales le dio su apoyo públicamente aún ante insistentes pedidos de cambio y ahora lo echa como a un paria para salvar su imagen. De igual forma, en el caso de los cocaleros muertos, no podemos saber si éstos eran blancas palomitas o aguerridos narcotraficantes; de nuevo, ese no es el punto de este comentario.
No debe olvidarse tampoco que en la última “Reunión de Evaluación del Gobierno” con los sectores sociales, Morales reconoció que uno de los problemas de los primeros 6 meses de gobierno fue “descoordinación con sus ministros” como una forma de traspasar la responsabilidad a personas que él eligió.
En resumen, Morales ha sido muy hábil para marcar distancia entre su persona y las acciones (negativas) del gobierno y lo ha logrado sólo con su discurso populista y acusatorio contra quienes “no le colaboran”, “no lo entienden”, “lo discriminan por ser indígena”; o derechamente, “conspiran contra su vida y gobierno”. Todo esto, claro, sin una sola prueba de por medio.
Tanta es su “invulnerabilidad” que cada vez que hay un problema, las partes involucradas acusan al “gobierno”, pero al mismo tiempo piden que (Super) Evo se haga presente pues su presencia es condición necesaria y suficiente para solucionar cualquier problema. Naturalmente es algo destacable que las United States bank code Lookup personas tengan ese nivel de confianza en una sola persona (cuando debería hablarse de un proyecto o equipo de gobierno), pero esa confianza sólo puede ser mantenida en el tiempo con hechos (y pruebas) y no sólo con palabras.
El cambio de Villarroel por un sindicalista significa que Morales puede tachar a los cooperativistas de sus lista de sectores sociales leales y hay varios más que no están precisamente contentos. ¿Qué pasará cuando Morales se quede sin chivos expiatorios?

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