Voy a insistir en algo que siempre he dicho. La educación es el camino más importante para que un pueblo pueda cambiar su destino. Un pueblo educado tiene mejores oportunidades para resolver diferencias entre sus miembros de forma eficaz y para beneficio de todos en el largo plazo. El gobierno del MAS comparte, creo, esta visión. Lo que definitivamente no tenemos en común es el cómo alcanzar el objetivo de un país educado.

Desde hace meses, antes de su posesión incluso, Morales ha hablado de la abolición de al Ley de Reforma Educativa para reemplazarla por otra, que nunca fue claramente presentada (la expectativa cesará pronto pues se ha anunciado oficialmente la derogatoria). Recientemente, a este proyecto se le ha calificado como una forma de “Descolonizar la Educación”. Para no hacer juicios apresurados, busqué información sobre lo que significa la “descolonización de la educación en Bolivia”. La principal fuente, claramente, es el creador de la frase, el Ministro de Educación, Felix Patzi.

Patzi dijo: “Lo más importante es no negar la identidad indígena y originaria que tienen todos los bolivianos… Durante 514 años nos negaron como civilización, no fue tomada en cuenta la mayoría poblacional y si últimamente fue tomado en cuenta como folklore, como museo y como arte, pero no como civilización viva, por lo tanto, hablar de descolonización es hablar de la civilización contemporánea indígena”. (Los Tiempos, Cochabamba, 11 de marzo de 2006)

Recordemos que en Bolivia cohabitan más de 30 lenguas y más de 40 étnias (aquí hay una pequeña muestra), y negar una de ellas sería, en términos de Patzi, ser un colonizador. Debemos suponer entonces que cuando el ministro dice “civilización indígena” se refiere al conjunto de étnias y no a un grupo específico. De ser así, el plan de Patzi de enseñar un idioma nativo, como parte de la curricula de todo alumno, implica el enseñar cada una de las lenguas que están en uso y no sólo restringirse al aymara, quechua o guaraní, ya que hacerlo podría verse como un acto de “colonización”. La imposibilidad técnica, para no hablar de la económica, de ésto es evidente, así que probablemente deberemos conformarnos con la solución práctica, es decir otro tipo de “colonización” (en la lógica de Patzi), la de los grupos lingüísticos o étnias más grandes sobre el resto, incluyendo los descendientes de europeos (blancos y mestizos).

Esto nos lleva al segundo hecho interesante en estas afirmaciones. Es curioso que sea precisamente Patzi quien se niegue a dejar atrás la visión colonial, aquella en que las cosas eran “simples”: blancos contra indígenas y las separaciones eran muy claras (o más claras que hoy). Es él quien en su mente vive aún, desgraciadamente como muchos en Bolivia, en una sociedad caracterizada por la separación racial y social. Está tan metido en ella que cree que la única solución es que unos se impongan a los otros (en este caso sería el turno, o revancha, de los indígenas contra los “blancos”) y no que ambos aprendan a cohabitar (i.e. si es que tuviese sentido hablar de la existencia de ambos por separado en una Bolivia caracterizada por una sociedad mestiza).

La colonia, con todo lo malo que pudo dejar, nos dejó algo importante, nos dejo una tierra a la que hoy podemos llamar nuestra patria. La dejó para que todos, indígenas, mestizos, blancos, negros y cualquier otro grupo que haya nacido en suelo boliviano, hagamos con ella lo mejor que podamos. Patzi, Morales y el MAS prefieren superponer la identidad del pueblo aymara, quechua, guaraní o la que se elija, sobre aquella que nos debería unir a todos, la identidad de ser parte del pueblo boliviano. Si la “descolonización de la educación” supone efectivamente esto, y la así llamada “refundación de Bolivia” a través de la Asamblea Constituyente facilita esta situación aún más, los problemas para Bolivia como nación están a punto de ponerse más difíciles de lo que se creía.


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