Choquehuanca: racismo y RR.EE.

Leyendo noticias acumuladas en los últimos días, me encuentro de nuevo con una “Coquehuancada” (en referencia a los ya conocidos exabruptos del canciller David Choquehuanca; el término no es de mi autoría). Propone ahora que los niños coman habas para fortalecer los dientes y dejen de ir al dentista y que los hombres consuman ulluco (oca) como substituto de viagra.

Después de tantas declaraciones controvertidas, me pregunto cuáles son los motivos que mueven a Choquehuanca a hacerlas. Está claro que no hay móviles diplomáticos, así que debemos buscar otras razones.

El mismo se ha definido como un aymara, con deseos de ser un yatiri; es alguien que no lee libros y que cree que la única sabiduría que cuenta es la de las “arrugas de los abuelos”, defiende además la coca a tal punto que considera que debería ser parte de la dieta de los escolares en reemplazo de la leche. Todo esto, sumado a sus recientes palabras, sugiere que se trata de alguien que tiene profundamente arraigado su origen indígena y la cultura aymara, lo cual es por supuesto muy loable. Swift Code Lookup No obstante, el exceso, como suele suceder con todo exceso, es peligroso. Estos excesos han sido criticados constantemente por políticos, la prensa y otros, desde su selección al cargo y Morales lo ha defendido diciendo que sus críticos “son unos racistas”.

No vamos a decir que en Bolivia no existe el racismo, pero en este caso parece una pobre respuesta para defender lo indefendible. Morales parece no querer ver que el criticar declaraciones que no tienen ningún sustento científico no es racismo, es sentido común, más aún si quien las dice es el máximo representante boliviano hacia exterior, después del Presidente.

Pero, ¿por qué Choquehuanca insiste en causar polémica?, quizás disfruta el ver a la prensa y a la oposición jalarse los cabellos cada vez que abre la boca (que es lo más probable, creo yo), o simplemente está convencido de lo que dice y siente un desprecio profundo por todo aquello que no tiene un origen aymara o indígena, lo que incluso podría calificarse, curiosamente, de racismo.

Lo más probable es que simplemente se trate de alguien que disfruta la atención sobre su persona, aún cuando ésta sea por los motivos equivocados.

Motivos equivocados porque Bolivia deberías estar aprovechando que el mundo parece estar “encandilado” con la idea de un presidente indígena en Bolivia, y el canciller debería ser el primer abanderado en aprovechar esta coyuntura. El problema es que el Canciller está más preocupado por la coca, las habas, el ullucu y las arrugas de los ancianos que del servicio diplomático, la búsqueda de mercados y la promoción comercial.

La admiración que despertó en la comunidad internacional el que Bolivia tenga un presidente indígena, elegido democráticamente y por mayoría absoluta, corre el riesgo, con ayuda del canciller y el mismo presidente, de convertirse en un sentimiento de lástima o un motivo de risa. La imagen de Bolivia hacia el exterior es algo muy serio y ya es hora de que Choquehuanca así lo vea o deje esta tarea a quienes así lo entienden.


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