El nuevo Ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, sostuvo que “será importante que los nuevos funcionarios [embajadores y cónsules] conozcan Bolivia y hablen quechua, aymara o guaraní”.
Nadie duda que un embajador (o cónsul) es el representante de un país y, por tanto, de su cultura. Sin embargo, la tarea principal de un embajador es representar los intereses del país en otras latitudes.
Para poder cumplir esta tarea debe ser capaz de transmitir esos intereses nacionales, y entender a su(s) interlocutor(es), en forma efectiva. Por lo tanto, los beneficios de tener un embajador o cónsul con dominio de lenguas que se hablan sólo en algunos pocos países de Sud América, no parece ser un requisito fundamental (tampoco es un impedimento, por supuesto) para desempeñar las tareas de funcionario diplomático. Esto no implica que la promoción de la cultura boliviana sea tarea poco importante de toda embajada, sin embargo, esa tarea no la hace directamente el embajador sino los agregados culturales.
El discriminar a los posibles funcionarios diplomáticos en función a su dominio de una lengua muy restringida geográficamente y que por cierto no es condición necesaria para desempeñar el cargo fuera del país, sería, bueno, precisamente eso: una práctica discriminatoria. La gran mayoría de los diplomáticos de carrera se entrenan largamente en el dominio de una o más lenguas extranjeras para poder cumplir su tarea en forma más eficiente. El que ahora no puedan optar a un cargo diplomático por el motivo en discusión es, insisto, discriminatorio.
Es quizás pronto, para ver si esto realmente sucederá. Morales y su gente se ha caracterizado por las palabras veloces y exageradas para luego adoptar una posición más moderada. En todo caso, el discurso del nuevo canciller muestra que el nuevo gobierno no es muy distinto de anteriores, aunque Swift Code Lookup claro, ahora la discriminación parece ser a la inversa.

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